Casa de cuatro En aquella casa azulmente putrefacta, según rumoran los del pueblo, habita la locura. La ocupan cuatro personas, si se las puede llamar así, que tentalean el fango de sus almas. Son dos parejas de edad difusa, ya que han visto asomarse a una mujer rubia de cabellos híbridos y a una pelirroja que lleva muy largas trenzas, las cuales se enredan con las hiedras espinosas del muro. Los dos hombres, de aspecto leproso, son gemelos, o hermanos, muy semejantes en sus facciones, la piel manchada. Una criada, de físico rocoso, llega dos veces por semana y sale, con pasos tiesos, a la media noche. Una criada cavernaria, cuyas pisadas resuenan en cada habitación del pueblo para recordarnos a aquellos crápulas y a sus mujeres derruidas, de crepúsculo de moscas revoloteantes. Aunque la criada es un espantajo de silencio, su hija, otro ser pedregoso, con sonrisa obtusa, como ángel devastado, suele platicar lo que su madre balbucea en...